*El agudín de Ruin

Pincha aquí para visualizarlo en PDF

Dicen que no hace muchos años, había en un pueblo llamado San Juan, una casa muy pobre muy pobre. Y era tan pobre y su gente tan pobre y delgada, y vivían tan mal, que ¡no tenía ni nombre la casa! pero todos le decían “casa Ruin”.

Tuvieron 3 niños, y los pequeños se tuvieron que criar solos. La madre, murió al nacer su hijo pequeño al que le pusieron Benjamín.

Así que quedaba su padre, pero este hombre siempre estaba enfermo y lleno de males. La mitad de los días no podía ni tenerse de pie y no podía hacer otra cosa que estar tumbado en una especie de cama, porque ni una buena cama tenía. El caso es que su padre no les podía dar nada para quitarles el hambre, y los tres chicos se dedicaban a buscársela como podían.

Casi siempre era el grande quien decía donde ir y que hacer ese día para encontrar algo que comer, pero lo que más hacían era ir por las calles del pueblo a ver que encontraban. Eso sí habían estado bien educados por sus padres en las costumbres, tenían modos y por eso eran buena gente y se hacían querer, nunca robaban a ninguno ni cogían cosas de otros sin pedir permiso primero, es decir que no cogían nada que no se la hubieran dado.

Del hijo más pequeño se reían los otros dos, le decían “Benjamín el fatolín”, y el que mas el mayor, que siempre se le hacía la burla. Pero el pequeño Benjamín hablaba poco, siempre pensaba mucho lo que tenía que decir y después, si le parecía, abría la boca.

Iban pasando los años y Benjamín, ya mozo, estaba arto de trabajar más que ninguno para encontrar comida y, además, era el único que se acordaba de coger algo para su padre enfermo.

Un día volvieron a casa los tres, pero los dos grandes con las manos en los bolsillos; nadie más que Benjamín que traía algo para comer. Había podido conseguir cinco trozos de pan. Se comieron uno cada uno y otro para su padre, y aun sobro un buen corrusco. Así que el mayor pensó una cosa: guardarlo para el día siguiente y se lo comería quien tuviera el sueño de más trabajo, el más cansado.

Al amanecer se despertaron los tres. Y dice el mayor:

–“El corrusco ha de ser para mi porque estoy cansado del todo; he soñado que subía a la luna y que para volver no encontraba la llave de la nave, así que no he hecho más que buscar durante todo el sueño”.

–“No, no, el trozo de pan es para mi -dice el segundo- Estoy  despedazado, he soñado que venía un león a buscarme para llevarme y, claro, me he escondido por todo, corriendo de sus garras, menudo horros!.

Por cierto, “¿donde esta el corrusco?”. –Pues yo –dice Benjamín- he soñado que como os ibais uno a la luna y al otro se lo comía un león, y no volvías…y me he comido el pan”.

Después de este caso, volvieron a salir a ver que encontraban por esas calles y, por la tarde, se volvieron a juntar los tres en casa. Nada más Benjamín vino con alguna cosa. Traía dos huevos duros que le habían dado; uno es para papa (que el pobre no tiene fuerzas ni para dar las gracias) y el otro…el otro, dice el hijo mediano: “se lo comerá quien le encuentre al huevo la parte más bonita y de más agudeza”.

Coge el huevo el mayor, lo golpea por arriba un poco para hacerle un agujero en la cascara y dice: -“Tu eres casca cascorum de coco cocorum, primero te agujerum y después te me comum”.

Lo coge el mediano, y haciendo el augero más grande y, como si le pusiera sal con los dedos, dice: -“Sal, sale sapienzia, para mi será esta pieza”.

Así, que al final lo coge Benjamín, acaba de sacarle la cáscara al huevo y dice: -“Coco del gallinero sin cascorum y saladet, consumatus est”. Y se lo comió de un mueso.

Dicen que no se le harían la burla más, y desde entonces ya no le dirían nunca  fatolín. Y en el pueblo, cuando hablaban de él decían “agudín, agudín como Benjamín de Ruin”.

Cuentan también que luego se hizo respetar por todos y cuando algún hombre o mujer tenía cualquier problema corrían sin pensarlo a preguntárselo; siempre encontraba una solución aunque fuera grande el problema. Por eso gracias a su astucia, libro a su casa de la pobreza y a los otros dos hermanos de Ruin de pasar más hambre.

Ya de joven, las noticias del buen hacer de Benjamín en el valle de Chistau llegaron a oídas del rey. El rey lo mando subir a buscar para que le ayudara.

Cuando murió este rey, dicen que Benjamín estuvo por esos mundos haciendo el bien   por todos los sitios por donde pasaba. Y cuando era un abuelo y vio venir la viejera, volvió aquí, a su pueblo.

Y todos los dineros que había ganado y ahorrado los repartió a la gente más pobre del pueblo, porque decía que no se quería llevar nada al cielo, pues en el otro mundo no lo necesitaría. Según decía, “el tesoro más grande se guarda en la cabeza y no en el bolsillo”.

Y por eso aun se  acuerda la gente de aquel niño delgado, agudo y despierto: l’agudín de Ruin.

Anuncios
Deja un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s